EL PERRO ARCOÍRIS SONRÍE EN CICE Y EL BARCO DE LAS ALMAS PERDIDAS
CAPITULO 4
EL PERRO ARCOÍRIS SONRÍE EN CICE Y EL BARCO DE LAS ALMAS PERDIDAS
Mientras Arcoíris poco a poco se alejaba del faro a los pies de aquel profundo acantilado, donde se encontró con un gato persa que le dijo, que si quería encontrar el puente del arcoíris, necesitaba llegar al Fin del Mundo.
Que más allá del inmenso océano existe una tierra, una
tierra llamada la Tierra
de Fuego y que allí hay una ciudad que se llama Ushuaia, y ahí, en esa ciudad se encuentra el puente del arcoíris.
Una serie de palabras que ese gato le había
dicho, no le paraban de dar vueltas en la cabeza: ¡¡¡ tierra
de fuego !!!, ¡¡¡ Ushuaia !!!, ¡¡¡el fin
del mundo!!!.
Pero de repente cayo en la cuenta?????, que el gato le había dicho donde tenía que ir a buscar el puente del arcoíris, hasta le dijo el nombre de la ciudad que tenía que encontrar (Ushuaia), pero no le dijo como podría llegar hasta Ushuaia, si en aquel acantilado, en aquel faro acaba la tierra y lo único que había por delante era el inmenso océano, uffffff!!!!!!
¿Ahora qué puedo hacer para seguir mi camino? ¿cómo puedo cruzar este enorme océano, si nada más que hay agua y agua más allá de donde alcanza mi vista?, pensó Arcoíris.
En ese momento Arcoíris dio la vuelta y fue
corriendo al faro donde había estado con el gato persa por si
todavía estaba allí y pudiera hablar con él, para preguntarle si él sabía la
manera de poder ir a la ciudad del fin del mundo y de cómo
poder atravesar ese inconmensurable océano.
Cuando Arcoíris llegó de nuevo al faro........!!!!!!!!
El gato estaba
subido en lo más alto del faro oteando como siempre el
horizonte por si divisaba el gran barco de su dueño. En uno de esos
momentos que le pareció oír algo, miró hacia abajo y vio a Arcoíris, dando
voces de un lado para otro como loco corriendo alrededor del faro. Así que
decidió bajar y ver qué es lo que quería.
Si sigues dando tantas vueltas, al final
te vas a marear. ¿Qué es lo que quieres esta vez? y no me llamo gato, me llamo
Mino.
¡¡¡Perdona!!!, ¡¡¡perdona!!! Mino, pero es que necesito imperiosamente tu
ayuda. ¿Y en qué quieres que te ayude?
¿Cómo puedo llegar a Ushuaia si solo hay un enorme
océano por delante? Tú me dijiste que es a esa ciudad del fin del mundo donde
tengo que ir, porque allí debe estar el
puente del arcoíris. Que tu dueño el pescador en una de sus largas
travesías cuando volvió te lo dijo, no? Entonces
ahora ¿Me podrías decir por favor como puedo cruzar el océano?
No puedes!!!, le dijo Mino, tienes que esperar, yo llevo esperando a mi dueño mucho
mucho tiempo.
¿Cómo que no puedo? ¿Pero qué tengo que
esperar?
A mi dueño
¿Cómo que a tu dueño? ¿Al pescador?
¿Pero para que tengo que esperar yo a un pescador?
Veo que todavía no lo comprendes,” le
dijo Mino a Arcoíris”. Mi dueño es un pescador muy especial, no es un
pescador cualquiera, es un pescador de almas. Viaja por todo el mundo en el
barco Ushuaia, buscando y recogiendo a las almas perdidas, extraviadas,
abandonadas que no han podido cruzar al otro lado todavía. Esas pobres almas
que no han sabido o no han podido llegar por si solas o porque no han tenido la
ayuda de nadie que les llevara a Ushuaia y allí poder cruzar
el puente del arcoíris.
Tenemos que esperar como ya te he dicho,
a que el barco este prácticamente lleno de esas pobres almas, entonces cuando
casi lo esté, vendrá a este puerto del Fin de la Tierra para que embarquen sus últimos pasajeros y
desde este puerto zarpará rumbo al Fin del Mundo y la ciudad de la Tierra de Fuego.
Cuando el barco llegue a su destino, atracará
en el puerto de Ushuaia, para que sus pasajeros desembarquen y puedan ir a
cruzar el Puente del Arcoíris.
Arcoíris entonces empezó a entender la situación,
él sabía que también era una de esas almas perdidas y lo que Mino le estaba contando
lo convecino completamente. Ya no hizo más preguntas, se resignó a esperar con
la esperanza que algún día ese barco llegara.
Y pasaron
los días y las noches, las semanas y los meses, hasta que una fría noche de
luna llena, cuando la luna estaba en lo más alto del cielo, Arcoíris y Mino pudieron
contemplar en el horizonte, como un gran buque del que resplandecía una luz
celestial se acercaba hacia la costa, a la Costa da Morte, en el Fin de la Tierra. Y el perro Arcoíris de nuevo volvió a sonreír.



No hay comentarios: